Por: Chema Urrutia y Ana Ramírez
Tez morena, blanca y apiñonada. Piel canela y de otras tonalidades. Altas, bajas y de estatura media. El cuerpo femenino ha sido construido y catalogado por la sociedad. La mercadotecnia: el juez. Los estándares de belleza han sido estigmatizados he idolatrados desde décadas atrás. Las aspiraciones del ser femenino han sido dictaminadas por una industria que cada vez trata de responder a la crisis social de la belleza siendo más incluyentes en lo que promocionan y venden. Espectaculares y anuncios con una diversidad de cuerpos, todos bellos por igual.
La diversidad de Venus como parte esencial del ser femenino. Un cuerpo monótono contradice el deber ser de la mujer. Moda. Una palabra tan popular que engendra la estandarización e industrialización de algo tan puro como la belleza. Pantones, cortes, ropa y maquillaje. Corte y confección de rostro, el cuerpo y las facciones. Moldes ficcionalizados, alejados de la realidad natural de lo femenino en el mundo.
Sin tapujos ni censura. La belleza no encuentra vituperios. La dura crítica social, merma el valor artístico de un cuerpo. Dejar ser, y dejar pasar. Apreciar el arte con todo sus matices. Dejar de pensar, comenzar a sentir. Dejar de juzgar, comenzar a admirar. Mostrar todo lo que son: ojos, labios, ombligos, axilas, pezones, pies, vulva y vello. Partes de una obra que cabe en su perfección por estar y existir. Partes de una obra que no requiere de estándares ni de moda para generar un cosquilleo en la mirada.
La libertad y la belleza no existen dentro un mundo mecanizado. Dejemos que los colores exploten he inunden la escala de grises de un día normal. Veamos con otros ojos, dejemos de cerrarlos para abrirlos y ver al cielo. No tratemos de entender lo que tenemos frente a nosotros. Dejemos que lo bello sea por el hecho de ser. Dejemos que las mujeres sean por el hecho de ser.
Veamos la belleza fuera del frasco de una construcción social. Veamos a las mujeres como un cuerpo natural bello por el hecho de ser y existir. Inundemos las redes sociales, los anuncios y las artes de mujeres diversas. Todas somos iguales, y dentro de la igualdad encontramos nuestra individualidad. Frente un espejo el ideal de belleza femenina no existe, solo un lienzo donde se postra una obra de arte.




